Firehose of falsehood a la colombiana: la estrategia de Daniel Quintero para inundar la agenda

En la campaña que arranca hacia 2026, Daniel Quintero Calle opera menos como un persuasor clásico y más como un “hidrante de falsedades”: un caudal de mensajes, propuestas y peleas que no busca convencer con evidencia, sino saturar la conversación, fijar los temas del día y forzar a rivales y prensa a gastar sus energías desmintiendo. El objetivo no es “convencer” sino saturar la conversación para imponer agenda, confundir sobre qué es cierto y obligar a rivales y prensa a gastar tiempo desmintiendo.

El concepto no es nuevo: la RAND Corporation bautizó este modelo como firehose of falsehood, con cuatro rasgos distintivos: alto volumen y multicanalidad; velocidad y repetición; poca adhesión a la realidad; y baja consistencia interna. En ecosistemas polarizados y con redes sociales hiperactivas, funciona porque ahoga las capacidades de verificación y premia la notoriedad por sobre la verdad.

The Russian “Firehose of Falsehood” Propaganda Model: Why It Might Work and Options to Counter It | RAND

¿Cómo se ve en la práctica?

1) Mensaje permanente, todo el tiempo, en todas partes

Quintero convierte cada día en “día de anuncio”: videos, lives, hilos en X, y apariciones en medios aliados u ocasionales. Esta multicanalidad no intenta cerrar un argumento, sino mantener la máquina de temas encendida y centrada en él. Su tránsito a precandidato se hizo, precisamente, mediante videos y consultas a su audiencia en redes, moldeando la narrativa desde su propia plataforma antes que desde debates programáticos. 

2) Propuestas “cebo” para capturar la agenda

El firehose privilegia ocurrencias de alto impacto sobre planes detallados. Un ejemplo reciente fue su promesa de entregar cuatro millones de lavadoras a hogares vulnerables: una idea de gran titular, diseñada para provocar conversación inmediata (a favor y en contra), copar paneles y obligar a opositores y analistas a dedicar ciclos a costearla o desmontarla. En lógica de hidrante, ganar minutos en pantalla vale más que sostener un dossier técnico. 

3) Convertir el expediente judicial en combustible narrativo

Las imputaciones e investigaciones —como el caso Aguas Vivas y otros procesos— alimentan un guion binario: “persecución” vs. “renovación”. Cada novedad judicial no cierra la conversación; la reabre bajo términos de victimización y conspiración, que vuelven a ponerlo en el centro y desplazan discusiones de fondo (empleo, seguridad, reformas). Es la repetición rápida del firehose: un mismo clivaje, reciclado una y otra vez con nuevos hitos. 

4) Bodegas, enjambres y ruido estratégico

Desde su alcaldía se denunciaron presuntas “bodegas” de desinformación financiadas con recursos públicos, señalando un aparato para amplificar y coordinar contenidos. Más allá del desenlace judicial, el punto es operativo: el volumen importa; un enjambre de cuentas basta para simular consenso, forzar tendencias y hundir matices.

5) La niebla perfecta: mezclar mentiras ajenas y propias

En Medellín ya hemos visto montajes que lo involucran (como la falsa columna de Los Danieles), y eso le permite alternar entre explotar ambigüedades y denunciar otras, generando una niebla informativa donde nadie sabe bien qué desmentir primero. En la lógica del firehose, incluso la desinformación que lo golpea sirve si contribuye a la confusión y mantiene el flujo centrado en su figura. 

Funciona y hasta agota a sus rivales

El firehose no juega al campo de la veracidad, juega al ritmo. Saturar, imponer cadencia y producir “temas del día” reduce a la oposición a un rol reactivo y a las salas de redacción a cuartos de verificación permanentes. La investigación académica y de política pública es clara: cuando el incentivo es capturar atención, la velocidad vence al rigor; y responder a todo, todo el tiempo, es estratégicamente perdedor para quien sí depende de la evidencia. El firehose of falsehood prospera cuando la discusión pública confunde notoriedad con relevancia. La salida no es competir por decibeles, sino reordenar el terreno: menos persecución de incendios y más institucionalizar estándares de evidencia y costo-oportunidad. Si la conversación nacional se disciplina en torno a datos verificables, comparaciones creíbles y consecuencias fiscales, la estrategia del hidrante pierde presión. Y Colombia gana oxígeno democrático.

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