Sumisas y sin Visa

judan_1020

Mientras Gustavo Petro se paseaba el fin de semana por Times Square, con un megáfono en mano como adolescente revolucionario, incitando al ejército estadounidense a desobedecer a Trump y detener la guerra contra Palestina. Como si fuese un líder intergaláctico con la misión de salvar el planeta, en Colombia, su partido del “cambio” (perdón, que alguien ponga las risas de fondo) se enredaba en una feria de egos para decidir quiénes serían los bendecidos en la consulta presidencial.

De la baraja de nombres, con mujeres de peso político y de trayectoria dentro del petrismo, al final solo quedó una precandidata: Carolina Corcho. Todas las demás fueron borradas del tarjetón sin mayor resistencia. Qué curioso: mientras al presidente le retiraban la visa en Estados Unidos, en Colombia, Daniel Quintero se encargaba de retirarle la “visa” de aspirar a las demás mujeres del Pacto Histórico.

Y lo más sorprendente no fue la maniobra en sí, sino el silencio. Ninguna levantó la mano en nombre de la igualdad, de la cuota de género o del discurso feminista que tantas veces han agitado en la plaza pública. Sumisas, callaron frente al macho opresor de Medellín, hoy investigado e imputado, que llegó a dividir y a incomodar a todos dentro de la coalición, pero que, con un desparpajo absoluto, se presenta como el preferido de Petro.

El resultado: un tarjetón con tres nombres: Iván Cepeda, Carolina Corcho y Daniel Quintero. Que no representa tanto la fuerza del progresismo como sí sus fracturas, sus contradicciones y, sobre todo, su doble moral. Porque las mismas que dicen defender los derechos de las mujeres, aceptaron quedarse en segunda fila, dejándose desplazar por un hombre con procesos judiciales abiertos, con su círculo más cercano también investigado en Medellín, y con una sombra de corrupción que apenas empieza a destaparse.

Y todo esto ocurre justo cuando el Pacto Histórico anuncia que ya no habrá consulta en octubre, que mejor será buscar un mecanismo “consensuado” (léase entre roscas) para elegir al candidato. Es decir: después de la función mediática de las precandidaturas, se van por la puerta de atrás para asegurar el ungido.

Al final, Petro sin visa en Estados Unidos y Quintero sin escrúpulos en Colombia son la misma metáfora: líderes que presumen de revolucionarios, pero que en la práctica terminan reproduciendo lo peor del machismo político y del clientelismo. Y mientras tanto, las mujeres del Pacto calladitas… sumisas y sin visa.

@judan_1020

Share This Article
No hay comentarios