Hay un punto en que las promesas dejan de ser un recurso de campaña y se convierten en una deuda moral con el país. En 2025, el gobierno de Gustavo Petro entró en la fase que todo poder teme: la del balance real. No el de los discursos, ni el de la épica en redes, sino el de la ejecución. Y el propio presidente terminó reconociendo en televisión algo que su gabinete ya no podía ocultar: la mayoría de los compromisos no se han cumplido. Petro habló de 146 compromisos pendientes dentro de un paquete de 195, y amplió la cifra de incumplimientos a cientos más en compromisos adquiridos con la ciudadanía.
Por supuesto, un gobierno no se mide solo por lo que promete, sino por lo que logra con restricciones políticas, fiscales e institucionales. Pero aquí el problema no es únicamente la dificultad del camino, sino una práctica reiterada: anunciar más de lo que se puede ejecutar, culpar a otros cuando no ocurre y reemplazar resultados con narrativa.
A continuación, una lista crítica de 10 grandes promesas que en 2025 siguen sin materializarse plenamente —o que avanzaron tan poco que, en la práctica, son promesas congeladas.
1) “Paz Total”: la promesa estrella que terminó en pausa y desorden
La “Paz Total” se vendió como diálogo con todos los grupos armados y reducción acelerada del conflicto. Pero en 2025, las negociaciones con actores clave —como el ELN— enfrentaron rupturas y suspensiones, con el proceso debilitado y sin resultados verificables de desescalamiento sostenido.
La paz, en vez de convertirse en política integral, terminó convertida en un tablero de improvisaciones: acercamientos, anuncios, retrocesos, crisis humanitarias y reinicios. El país no necesita símbolos: necesita garantías.
2) Reforma a la salud: el cambio prometido… que no llega a sistema
Petro prometió una transformación estructural del modelo de salud. En 2025, su reforma continuaba empantanada y enfrentaba resistencias políticas e institucionales, con trámites trabados y sin certeza sobre implementación real.
La consecuencia es grave: la discusión absorbe energía del Estado, pero el usuario sigue esperando respuestas, y el sistema opera en incertidumbre.
3) Reformas sociales completas (salud, pensiones, trabajo): el “paquete” quedó cojo
El gobierno se presentó como el gran reformador social. Pero a 2025, múltiples análisis coinciden en que los avances han sido limitados y desiguales, con reformas estancadas o sometidas a bloqueos en el Congreso.
La promesa era un giro social integral. El resultado es un avance fragmentado y un país polarizado, sin la coherencia reformista que se vendió como garantía.
4) Cumplimiento y ejecución: la administración se volvió un cuello de botella
Si el propio presidente admite que la mayoría de compromisos no se ha cumplido, el problema ya no es el Congreso, sino el aparato ejecutivo. La falla está en el músculo institucional, la coordinación y la capacidad de aterrizar políticas en territorio.
Y aquí hay una verdad incómoda: un gobierno que gobierna a punta de relato, termina administrando a punta de excusas.
5) Articulación territorial del Plan Nacional de Desarrollo: avance “en el papel”, rezagos en la región
El gobierno tiene indicadores y seguimiento del PND, sí. Pero los balances muestran rezagos regionales y fallas de articulación entre nación y territorio, justo lo contrario de lo prometido: un Estado que llegaría a las regiones históricamente olvidadas con eficacia.
Un PND sin despliegue territorial real es una promesa convertida en PDF.
6) Ordenamiento territorial y “transformación productiva”: la deuda de pasar del discurso al motor económico
La narrativa del gobierno insistió en transformar la economía, impulsar el trabajo decente y reorganizar el territorio. Sin embargo, reportes y análisis señalan rezagos en áreas como ordenamiento territorial y trabajo decente, dos ejes centrales del relato de cambio.
La transformación productiva no se decreta: se ejecuta. Y ahí es donde el gobierno se ha quedado corto.
7) Lucha contra el narcotráfico: más coca, más presión, menos resultados visibles
Petro prometió un enfoque distinto al prohibicionismo tradicional. Pero Colombia cerró con producción y cultivo de coca en niveles récord, y en 2025 el gobierno anunció medidas como el uso de drones con herbicidas para erradica
Si el modelo nuevo termina produciendo lo mismo —o peor—, entonces no era modelo: era consigna.
8) La promesa de estabilidad fiscal: el país atrapado en déficit y “emergencias”
El gobierno llegó con promesas de justicia social financiable y orden macroeconómico. Pero Colombia entró en una crisis fiscal con déficit creciente y riesgos, al punto de que en diciembre de 2025 se decretó una emergencia económica para intentar crear impuestos por decreto.
Cuando un gobierno termina gobernando por emergencia, la promesa de planificación se convierte en un síntoma: no hubo control ni previsión suficientes.
9) Seguridad ciudadana: la expectativa de control territorial no se tradujo en tranquilidad
Aunque la seguridad es multifactorial y depende de variables históricas, lo cierto es que la promesa de recuperar territorios y reducir violencia quedó subordinada a negociaciones incompletas, disputas armadas y deterioro de confianza. Los hechos asociados a conflictos entre grupos armados y desplazamientos masivos muestran que el país no recibió el “desescalamiento” prometido.
La seguridad no se gestiona con retórica: se gestiona con presencia estatal efectiva y resultados medibles.
10) El “gobierno del cambio”: el cambio se volvió un eslogan sin cierre
La promesa global era que “todo iba a cambiar”. Pero el balance que publican varios medios y centros de análisis coincide en lo esencial: muchas reformas quedaron estancadas, muchas promesas siguen pendientes, y el país sigue dividido.
El cambio terminó siendo un relato que se repite, mientras el Estado patina en ejecución.
El incumplimiento ya no es accidente, es patrón
A estas alturas, la pregunta no es si Petro “quiso” cumplir. La pregunta es si pudo y si supo. Porque un gobierno no se juzga por la intensidad de su discurso, sino por su capacidad de convertirlo en política pública sostenible.
El presidente puede seguir culpando al Congreso, a los “poderes tradicionales” o a las “élites”. Puede seguir transmitiendo consejos de ministros y señalando culpables. Pero la verdad es simple: la gente votó por resultados, no por explicaciones.
Y en 2025, lo que se ve es un gobierno que convirtió el país en una gran sala de espera: esperando la reforma, esperando la paz, esperando la salud, esperando la estabilidad… esperando que el “cambio” deje de ser un anuncio y por fin se vuelva realidad.