DEL AMIGO QUE ES AMIGO… siempre y cuando le convenga

Del amigo que es amigo… siempre y cuando le convenga

Al expresidente Uribe lo habían condenado en primera instancia, y con él también parecía condenado el carácter de muchos.

Pero la justicia habló esta semana y le dio la razón, levantándole la medida de cárcel que pesaba sobre él.

No me refiero al fallo como tal, ni a lo jurídico. Eso lo discutirá la historia y los recursos que tenga la justicia para cerrar este capítulo. Hablo del otro juicio, el silencioso, el que deja en evidencia a los que decían ser sus aliados, los “uribistas pura sangre, los que se hacían moler por esta patria”.

Porque durante años lo buscaron. Lo llevaban de la mano a eventos, le pedían que los acompañara en campaña, le rogaban una foto, una palabra, una “bendición”. Con él ganaban elecciones, abrían puertas. Con él, eran alguien.

Pero cuando vino el golpe del fallo en primera instancia, muchos prefirieron callar. Se escondieron. Cambiaron de acera. Miraron para otro lado. Como si no lo conocieran. Unos ingratos. Como si no le debieran nada.

Hablo de políticos sin historia, empresarios, líderes de gremios, opinadores… de todos los que aplaudieron mientras les convenía y después se llenaron de silencio. Así funciona esto: mientras sirves, te quieren. Cuando ya no das réditos, te tiran al olvido.

Y en medio de todo, la vida también cobró factura: Miguel Uribe ya no está, y con él se fue una parte de esa generación que intentó levantar el proyecto. Su ausencia es un vacío enorme que hoy pesa más que cualquier cálculo político.

Pero Uribe, con todos sus aciertos y errores, sigue ahí. De pie. Dando la cara con gallardía. Sin esconderse. Con la frente en alto, mientras otros muchos esconden la suya por vergüenza o conveniencia.

El poder se va, la dignidad no. Y esta coyuntura ha servido, al menos, para algo: dejar en claro quién estuvo por convicción y quién simplemente usó el nombre de Uribe como trampolín.

Y ahora que viene la campaña, ya lo veremos de nuevo recorriendo calles y barrios. Y entonces aparecerán los mismos lagartos de siempre, los que se escondieron cuando lo vieron débil, buscando otra vez la foto en (la puerta roja), la palmada en el hombro, la “bendición” que les garantice votos. La historia se repite.

El tiempo pondrá a cada uno en su lugar. Porque, como dice la canción de Rolando Laserie: “del amigo que es amigo… siempre y cuando le convenga”, ya hemos visto demasiados.

Judan_1020

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