@DanielSanin
Se acercan las elecciones legislativas de marzo y Colombia tendrá la oportunidad de renovar el Congreso. Millones de ciudadanos esperan que quienes resulten elegidos entiendan que no llegan a una institución funcionando normalmente, sino a un Estado golpeado, debilitado y deteriorado por la improvisación y el descuido del actual gobierno.
Al Congreso que se elija en marzo le corresponderá una tarea de reconstrucción profunda y urgente. El rumbo que ha tomado este gobierno ha expuesto fallas graves en la conducción del Estado: decisiones improvisadas, reformas mal diseñadas, una ejecución errática y un manejo institucional que ha generado inestabilidad y serios retrocesos en sectores esenciales.
La falta de transparencia, los múltiples escándalos administrativos y los nombramientos sin criterios técnicos han permitido que la corrupción, la ineficiencia y el desorden se expandan sin control, dejando al país con una estructura estatal más lenta, más pesada y más fracturada que antes.
El nuevo Congreso deberá ejercer un control político implacable. Colombia exige que se desnude la verdad sobre las denuncias de corrupción, los manejos irregulares que han desangrado al Estado, los presuntos delitos electorales y las relaciones oscuras entre funcionarios, contratistas y estructuras criminales o violentas. Además, será indispensable vigilar de manera estricta el avance de las investigaciones en los entes de control y en los organismos judiciales, para impedir que la impunidad siga siendo la regla.
También será urgente devolverle al país un mínimo de seguridad y confianza. El deterioro del orden público, el retroceso en la justicia y la permisividad frente al crimen han dejado a los ciudadanos desprotegidos y desconfiados. El nuevo Congreso tendrá la responsabilidad de impulsar reformas serias, no discursos vacíos.
Finalmente, Colombia necesita modernizar su normatividad, desmontar la burocracia inútil y simplificar procesos que hoy solo entorpecen. El Estado debe dejar de ser una carga para la gente. El próximo Congreso tendrá que actuar con firmeza, sin excusas y sin miedo, porque el país no aguanta otros años de improvisación y caos estatal.