Todos por Medellín: una historia de ciudadanía que le devolvió la voz a la ciudad

Medellín ha sabido levantarse cuando la ciudadanía se organiza, alza la voz y pone el bien común por encima de cualquier interés particular. La veeduría Todos por Medellín es uno de esos hitos recientes de la vida cívica paisa: nació en agosto de 2020, impulsada por personas y organizaciones que decidieron vigilar, con rigor y de cara a la gente, la gestión del conglomerado público de la ciudad y del Valle de Aburrá. Desde entonces, su mensaje ha sido simple y poderoso: lo público es de todos. 

Su origen no fue casual. En medio de tensiones institucionales —renuncias en juntas directivas y debates sobre la conducción de entidades estratégicas— un grupo plural de ciudadanos constituyó la veeduría el 25 de agosto de 2020, con Piedad Patricia Restrepo como vocera y representante legal. Con trayectoria de 12 años al frente de Medellín Cómo Vamos, Piedad le imprimió a la veeduría una impronta de datos, transparencia y conversación pública informada. 

Desde su primer día, Todos por Medellín asumió tres tareas esenciales: promover la participación ciudadana, cuidar el patrimonio público y generar conversaciones informadas. Ese ideario —no partidista, con respeto por las administraciones, pero firme en el control ciudadano— se convirtió en su carta de navegación y en un pacto con la ciudad: vigilar con evidencia, deliberar con argumentos y, cuando hiciera falta, denunciar. 

Logros que cambiaron la conversación pública

Entre los hitos de la veeduría destaca su rol en visibilizar irregularidades del programa Buen Comienzo. La propia veeduría alertó sobre la contratación, antecedente que terminaría reflejado en hallazgos de la Contraloría de Medellín al balance 2020 de la Alcaldía. Ese seguimiento convirtió un tema técnico en una conversación ciudadana sobre integridad, cuidado de los recursos y calidad del gasto en primera infancia. 

El caso tuvo, además, un significado simbólico: en 2023, Todos por Medellín fue reconocida como víctima dentro del proceso por presuntas irregularidades en Buen Comienzo, un paso que la organización calificó —con razón— como “gigante” en la lucha contra la corrupción. Para una veeduría ciudadana, ser escuchada en estrados no es un privilegio: es la confirmación de que el Estado reconoce el valor del control social. 

Otro frente de trabajo fue explicar y enmarcar técnicamente debates complejos alrededor de EPM e Hidroituango. En momentos de ruido y polarización, la veeduría ayudó a decantar información, a exigir cuentas y a ubicar las decisiones en su contexto financiero y de riesgos, recordando que las empresas públicas no son botín de nadie y que su estabilidad es un interés superior de Medellín y de Colombia. Esa labor pedagógica —hechos, cifras, fuentes— elevó el estándar del debate ciudadano. 

Más allá de los “casos”, la veeduría dejó capacidad instalada. En 2024 publicó un diagnóstico cualitativo del estado de las veedurías en Medellín, un mapa de oportunidades y retos para fortalecer el control social en red. Sembrar veedurías donde antes solo había indignación suelta es uno de esos logros silenciosos que valen por dos: crean ciudadanía organizada y mejoran la calidad de las instituciones. 

Un estilo: rigor, independencia y apertura

En una época en que todo se etiqueta, Todos por Medellín defendió un estilo claro: independencia de orillas políticas, cero activismo electoral y trabajo sustentado en evidencia. Esa línea —incómoda para quienes preferían adhesiones— es, quizá, su mayor aporte: demostrar que el control ciudadano puede ser vigoroso y respetuoso a la vez, firme y propositivo, crítico pero no cínico. En otras palabras, una veeduría que no grita: argumenta. 

Ese talante también se reflejó en su crecimiento institucional: de una base fundadora de 38 miembros —personas y organizaciones— a una plataforma con alrededor de 50 miembros activos, sin intereses particulares en la Alcaldía ni en EPM. Todos por Medellín probó que hay una Medellín civil, técnica y dialogante, que no se resigna a la apatía. 

Gracias, Piedad. Gracias, veeduría.

La noticia reciente del retiro de Piedad Restrepo de la vocería —acordado el 17 de septiembre de 2025— cierra un ciclo y abre otro. Más que un cierre, Medellín tiene razones para decir gracias: gracias por poner a la ciudad primero; por enseñarnos que se puede exigir sin insultar, por convertir indicadores, contratos y pliegos en conversaciones de sala; por insistir en que cuidar lo público no es asunto de expertos, sino de ciudadanía. 

A Piedad, el reconocimiento por la valentía tranquila de sostener debates difíciles con transparencia y por sembrar una cultura de seguimiento basada en datos. Y a la veeduría, el aplauso por mantenerse como un espacio abierto y plural, donde caben los que preguntan con respeto y los que buscan soluciones sin atajos.

Hoy, Medellín mira hacia adelante con una certeza: la veeduría funciona cuando se sostiene en la ciudadanía. Todos por Medellín lo demostró con creces. Por eso, este es un texto de gratitud. Gratitud por las alertas oportunas y por las explicaciones necesarias; por los informes y por los silencios prudentes; por estar —sin estridencias— donde había que estar.

Que vengan nuevas voces, que continúe la vigilancia, que crezca la red. Pero que no se pierda lo esencial: la convicción de que lo público es de todos y que cuidarlo es la forma más alta de amor por Medellín.

Share This Article
No hay comentarios