Del “de malas” al “víctima discriminada”: la sinuosa travesía política de Francia Márquez

En marzo de 2023 la entonces flamante vicepresidenta despachó con desdén las críticas por viajar en helicóptero desde Bogotá hasta su residencia campestre en Dapa: “Voy a seguir yendo en helicóptero… de malas” —sentenció ante los micrófonos. La declaración, convertida en tendencia y hasta en salsa‑choque viral, consolidó la imagen de una lideresa que no temía exhibir poder ni privilegio.

La polémica no quedó en la anécdota musical. Denuncias posteriores revelaron que entre agosto de 2022 y marzo de 2023 Márquez acumuló 128 horas de vuelo en aeronaves oficiales, con un costo estimado superior a 2.870 millones de pesos, según cifras divulgadas por la senadora María Fernanda Cabal. Ese gasto contrasta con los recortes operativos que la Fuerza Aérea reportaba para misiones humanitarias, y reforzó la narrativa de una dignataria que antepone su comodidad a las prioridades del Estado.

Las sospechas se extendieron a su patrimonio: en febrero de 2024 se le acusó de ocultar un apartamento en Cali en su declaración de bienes. Aunque la vicepresidenta publicó el formulario corregido y habló de “difamaciones”, el episodio alimentó la percepción de opacidad patrimonial.

Nombrada simultáneamente ministra de la Igualdad, Márquez prometió reducir brechas históricas. Sin embargo, a noviembre de 2024 la cartera había ejecutado apenas el 2,4 % de su presupuesto de 1,8 billones de pesos; la mayor parte se destinó a nómina mientras los proyectos sociales seguían en papel, y al día de hoy al parecer la ejecución aún es de un dígito, cerca al 3.3%, según denuncias de Daniel Briceño. Voceros de la sociedad civil denunciaron duplicidad de funciones con otras entidades y una “burocracia sin resultados”, mientras la Corte Constitucional declaró inconstitucional la ley que creó el ministerio, otorgándole solo un plazo transitorio de existencia.

Dos años después del “de malas”, Márquez reapareció en Cali durante el Día de la Mujer Afrodescendiente. Rodeada por figuras como Angela Davis, dijo sentir “ganas de gritar” contra el racismo y la marginación interna que, según ella, la han dejado sin herramientas para ejecutar y la han convertido en blanco de intrigas palaciegas. Se presentó como víctima de un gabinete que “la usó para ganar elecciones, pero no para gobernar”, al final de su discurso, no existió ningún “de malas”

Su alegato —respaldado por comunicados en los que niega un supuesto complot para reemplazar a Gustavo Petro— intenta reposicionarla como símbolo de resistencia afrodescendiente. Sin embargo, opositores y analistas señalan que la falta de resultados y los escándalos previos son responsabilidades de gestión, no simples efectos de discriminación estructural, por lo que jugarse la carta racial no pareciera ayudarla en este caso.

¿Víctima o engranaje del poder?

La contradicción es evidente: quien fue capaz de responder “de malas” cuando se le cuestionó el uso de bienes públicos, hoy se reivindica como relegada dentro del mismo gobierno al que sigue perteneciendo. Ese doble juego dificulta que la opinión pública la vea exclusivamente como víctima; más bien la percibe como parte activa —y a ratos privilegiada— del entramado petrista.

Al final, Francia Márquez encarna las tensiones de un Ejecutivo que prometió “el cambio” pero exhibe viejas prácticas de clientelismo y opacidad. Su desafío ya no es retórico sino práctico: demostrar con hechos —y ejecución presupuestal— que el ministerio que dirige puede pasar del discurso a los resultados. Mientras tanto, la sombra del “de malas” seguirá recordándole al país que la soberbia política, incluso cuando se reviste de causas sociales, siempre pasa factura, y si no se siente acogida y respetada, “de malas”.

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