Los que nos vendieron al “más preparado” ahora le temen al influencer

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Ahora en la derecha pegan el grito de horror: “¡El Congreso se está llenando de influencers!”. Exigen “gente preparada”, títulos, posgrados, experiencia. Como si los que más diplomas tienen no fueran exactamente los que más han robado este país y uno que otro padre de la patria se hace el loco ausentándose del Congreso para no votar leyes.

Recordemos quienes fueron esos “grandes pensadores”, columnistas serios y profesores de universidades los que nos vendieron que Gustavo Petro, el economista “preparadísimo”, era la solución mágica a todos nuestros males de la derecha gobernando por 200 años (según ellos). Y mírenos ahora: salud colapsada, economía en picada, inseguridad desbocada y polarización total. Y ahí sí no aparecen con este desastre. genios.

Para ser congresista en Colombia solo hace falta ser colombiano y tener más de 25 años. (Artículos 172 y 177 Constitución Política). Punto. La Constitución nunca pidió doctorados, y menos mal: la democracia no es un club de élites. Pero profundicemos un poco: ¿por qué los influencers generan hoy más confianza y empatía que los políticos tradicionales? Sencillo. El influencer está ahí todos los días, en tu pantalla, compartiendo no solo memes o bailes, sino opiniones crudas sobre la realidad del país. Responde a tus comentarios, muestra sus luchas cotidianas, denuncia injusticias en tiempo real. Crea un vínculo genuino, una empatía que nace de la proximidad digital. En cambio, el político de siempre solo aparece en campaña: llega a las regiones con discursos mandados a recoger, promete carreteras, hospitales, empleo y luego se evapora. Cuatro años después, la región sigue igual o peor, sin soluciones concretas, mientras él acumula millonadas en Bogotá. Y sí, quizás el influencer no tenga “todas las preparaciones del mundo”, pero ¿quién las tiene? Nadie llega solo al poder. Ellos cuentan con equipos de apoyo: asesores legales, economistas, expertos en políticas públicas que los respaldan. Además, el partido político les da estructura, recursos y un marco para operar. No son lobos solitarios; son figuras públicas con redes sólidas detrás, listas para traducir esa empatía en acciones reales. Los influencers al menos rinden cuentas en vivo. Si fallan, los entierran en comentarios. Los “preparados” de siempre nos roban en silencio y luego dan clases de ética. Que vengan los influencers. Total, peor que los “expertos” que nos trajeron hasta aquí es difícil.

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